lunedì 6 giugno 2022

Spagna
Una supuesta carta de Puigdemont, en el juicio por corrupción del Vaticano

(Anna Buj - Ignacio Orovio - La Vanguardia)
Cuesta creer que alguien como Carles Puigdemont, que además de expresidente de la Generalitat es periodista, escriba mal su segundo apellido: que Casamajó se convierta en Casamajé. Cuesta todavía más creer que escriba mal su segundo apellido en una carta dirigida al cardenal Angelo Becciu –entonces sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, número tres de la Santa Sede– y timbrada con el emblema de la Generalitat, en la que supuestamente agradece la “predisposición” a que le reciban y en la que nombra a quienes serán sus mediadores: dos personas de su entorno, con los apellidos igualmente mal escritos. En total, la carta contiene una docena de errores ortográficos o tipográficos.
La carta está fechada el 2 de noviembre del 2017 y supuestamente comisiona a dos personas próximas, Francesc de Dalmases y Manuel Manonelles, para que le representen en un encuentro en el Vaticano en el que se pretendía exponer cómo estaba la relación entre los gobiernos de Catalunya y España en plena efervescencia del procés . Había pasado justo un mes desde el referéndum del 1-O y el 30 de octubre Puigdemont acababa de huir a Bélgica. ¿Era el momento de ponerse a entablar una mediación con el Vaticano?
Un intermediario dice actuar por indicación de socios rusos y de EE.UU. interesados en la mediación vaticana
La carta ha aparecido en el juicio que se sigue en Roma contra Becciu por presunta corrupción; junto a otros nueve imputados, se le acusa de una ruinosa compraventa (y una posterior estafa) de un edificio de lujo en Londres con fondos vaticanos. A Puigdemont le mencionó en el proceso Cecilia Marogna, una supuesta asesora de inteligencia que alega haber gastado fondos de la central católica en rescatar misioneros secuestrados en África, aunque se le acusa de haberlos derivado a la compra de artículos de lujo.
Presunta carta enviada por Carles Puigdemont al Vaticano. (foto)
Marogna ha explicado a este diario que fue Piergiorgio Bassi, asesor en materia diplomática y de inteligencia de la firma PGB Group, quien propuso una “videollamada entre Puigdemont y Becciu”, y que fue quien le remitió la carta. “Cuando la recibí –añade Marogna– noté que la firma parecía insertada encima y no superpuesta en la carta. La imprimí para verificar mejor el aspecto y la composición y confirmé las dudas que tenía sobre su veracidad”.
Desde el entorno de Carles Puigdemont se niega categóricamente que sea el autor de ese texto. “Ni es el autor, ni ha hecho ni ha solicitado ninguna clase de mediación con el señor Becciu, ni ha encargado nada semejante”, explica una portavoz del expresident. Francesc de Dalmases dijo no tener “nada que decir” de que su nombre aparezca en la misiva. Manonelles esquivó a este diario en su intento de obtener una versión de los hechos.
El entorno de Puigdemont niega que sea el autor de la carta
En diversos contactos por correo electrónico con La Vanguardia , Bassi detalla que trató de “facilitar un encuentro con la Secretaría de Estado del Vaticano, pero no encontramos las condiciones adecuadas en ambos lados”. Su intención era “encontrar una solución pacífica”. “La Iglesia católica en España está muy arraigada y el Vaticano podría haber mediado en la situación y encontrar un equilibrio ventajoso para todos”, opina.
Bassi revela que actuaba por indicación de sus socios rusos y estadounidenses, a quienes se niega a identificar. “Nuestros socios rusos­, como los americanos, tenían relaciones directas con la región en cuestión y nos pidieron una opinión sobre la situación para valorar cómo implicar al Vaticano en calidad de mediador de paz”. “Los americanos y los rusos –abunda– analizaban con atención la situación, que día tras día era cada vez más magmática, así como lo hacen en muchos otros lugares del mundo. En ese momento los centros para las estrategias preliminares tanto en América como en Rusia tenían análisis similares e intereses en devolver el equilibrio y el orden”.
Bassi se niega a revelar la identidad de tales socios, aunque los describe como “funcionarios y diplomáticos del ministerio de Exteriores ruso” y como “diplomáticos americanos”, y alega no recordar quién le envió la carta, que él remitió al Vaticano. “Sinceramente no me acuerdo, han pasado algunos años y la cuestión fue gestionada durante un tiempo breve”. Con Puigdemont, “personalmente no tenía ninguna relación”.
Aunque nada tiene que ver con el asunto, Marogna menciona a Puigdemont en un memorial entregado al juez, de 22 páginas, en el que justifica sus actividades al servicio del cardenal Becciu. “Quería comprender si la iniciativa de Bassi fue verdaderamente autorizada a petición de Puigdemont a través de las personas citadas en el mail, o no, incluso algo escondido para ser usado para otros fines”, apostilla.
El cruce de correos electrónicos entre Bassi y Marogna, al que también tuvo acceso este diario, añade una tercera persona que supuestamente podría haber sido mediador con Becciu. Bassi menciona además de Manonelles y Dalmases a Jordi Sardà; el hombre que en el 2012 engatusó a las autoridades de Kyiv al personarse como representante de Gas Natural y acordar con el gobierno ucraniano la instalación de una planta de gas licuado; la gasista se querelló contra él. Años después, en el 2018, llevó a Barcelona al ciudadano ruso Sergéi Motin, uno de los aliados del procés en su intención de crear una criptomoneda catalana. Pero lo llevó a la ciudad para que fuera tratado de un cáncer de pulmón. Tras un mes en la clínica Diagonal, ante la cual Sardà actuaba como traductor y representante de Motin, éste se fugó sin pagar. Dejó un agujero de 19.800 euros. Sardà tampoco atendió la llamada de este periódico.