venerdì 11 dicembre 2020

Italia
Entre Marta y María. Si ellas estuvieran al frente ...

(Lucetta Scaraffia - Vida Nueva)
Si se examinan las crisis recientes en la Santa Sede, surge la sospecha de que los hombres resultan incapaces de afrontarlas.
En la Iglesia no hay mujeres en puestos de liderazgo y responsabilidad en la toma de decisiones, ni siquiera en áreas  –como las relativas a los abusos sexuales,  a las finanzas o a la comunicación–  en las que no es necesaria la ordenación sacerdotal. Parece que a las mujeres se las considera incapaces de cumplir satisfactoriamente este tipo de roles. Pero si se examinan algunas crisis recientes a las que se ha enfrentado la Santa Sede, surge la sospecha de que, lamentablemente, los líderes masculinos están resultando incapaces  de afrontarlas.Empecemos por el ‘caso McCarrick’:  el extenso informe elaborado por la Santa Sede demuestra con despiadada claridad que nadie vigiló el comportamiento  del prelado condenado, que nadie creyó en las denuncias que hizo, por ejemplo, una madre.
En cambio, se optó por dar crédito a la –obvia– autodefensa del acusado, sin que mediara más verificación. El caso también abre la puerta a la sospecha de cómo  las grandes donaciones financieras de
McCarrick jugaron un papel importante  en el fomento de esta mal entendida benevolencia.La justa necesidad de garantizar  la transparencia en la gestión financiera  de los bienes de la Iglesia, que todos compartimos, tampoco ha ido acompañada de métodos para hacerla realidad. Así lo hemos podido ver en todo lo relacionado con el ‘caso Becciu’. Faltan juicios rigurosos en los que los sospechosos puedan hacer valer su derecho a una defensa. De la misma manera, afecta a los medios eclesiales: ¿por qué los órganos de comunicación vaticanos, que expresan opiniones autorizadas e intenciones ejemplares de vigilancia sobre la honestidad de los medios de comunicación, no intervienen para rectificar informaciones incorrectas y calumniosas? ¿Por qué nadie desmiente las fake news? Con este escenario, sobrevuela la idea  de que quizás, si las mujeres estuvieran en estos altos cargos, se comportarían mejor. En cualquier caso, difícilmente podrían hacerlo peor...