martedì 14 gennaio 2020

Italia
Giovanni Maria Vian: El riesgo de dos pontífices opuestos

El País.es
 
Los sectores más tradicionalistas llevan tiempo atacando al papa Francisco, al que acusan incluso de poner en peligro la fe.
Ha tenido gran repercusión en los medios el adelanto en Le Figaro de un libro que se publica en Francia y que contiene una fuerte llamada al pontífice —“un grito de alarma”, como tituló en primera plana el diario parisino— para mantener en la Iglesia católica de rito latino la doctrina del celibato obligatorio para los sacerdotes. El interés y la discusión que surgieron enseguida, a veces muy acalorados, pueden explicarse por dos razones: ante todo, porque los autores del libro son el papa emérito Benedicto XVI y el cardenal africano Robert Sarah. Después, porque en octubre el sínodo sobre el Amazonas, por una mayoría de dos tercios, emitió un parecer favorable a la ordenación sacerdotal, en este inmenso territorio, de diáconos permanentes ya casados.
Ahora el pontífice debe publicar un documento (que será una “exhortación apostólica”) y decidir también sobre este punto.
Desde hace al menos medio siglo se debate sobre la conveniencia de ordenar sacerdotes a hombres de fe probada (viri probati, en latín), mientras que los sectores más tradicionalistas llevan algún tiempo atacando al papa Francisco, al que acusan de querer modificar esta antigua disciplina eclesiástica e incluso de poner en peligro la fe. Naturalmente, los partidarios más firmes de Bergoglio rechazan estas acusaciones y critican duramente a los adversarios del Papa. En Alemania, además, se debate sobre la posibilidad de ordenar sacerdotes casados, y la mayoría de los católicos alemanes se muestran favorables.
Desde luego, históricamente, el celibato de los ministros del culto cristiano tiene raíces y motivaciones muy antiguas, pero la obligación se fue introduciendo progresivamente desde el siglo IV. Por razones prácticas, como la preservación del patrimonio eclesiástico, y al mismo tiempo ideales, el celibato se extendió durante la Edad Media en la Iglesia latina con numerosas transgresiones (especialmente en los siglos X y XV), se afirmó definitivamente en la era moderna y fue confirmado por el concilio Vaticano II. En cambio, en las iglesias orientales, ortodoxas pero también católicas, se ordena sacerdotes a hombres casados, mientras que los monjes y los obispos deben ser solteros.
Al interés por el tema, que siempre es muy elevado, se añade, con el libro de Benedicto XVI y del cardenal Sarah, la novedad de una nueva intervención del papa emérito, que muchos presentan como opuesto a su sucesor, junto a un cardenal al que se considera jefe de filas de los adversarios de Bergoglio. En otras palabras, existe el riesgo de que haya “dos papas” opuestos. Un peligro temido también por la Santa Sede, como se ha podido observar inmediatamente por las reacciones unánimes de los medios de comunicación vaticanos, y que ha confirmado el éxito de dos películas sobre la “cohabitación” papal, la de Fernando Meirelles y, sobre todo, la de Paolo Sorrentino, de fantasía, desde luego, y con trazos caricaturescos, pero que van al meollo de la cuestión. Circunstancias que evidencian la división existente en el mundo católico, avivada de forma irresponsable por los extremistas, que nunca faltan.