sabato 3 giugno 2017

gaudiumpress.org
El Padre Philippe Blot, de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, no podía contener las lágrimas cuando le contaban ciertas historias de horror algunos norcoreanos que lograban escapar de su país. El trabajo con jóvenes en la diócesis de Gwachon, en Corea del Sur. "He escuchado historias tan insoportables que se me saltaban las lágrimas de sufrimiento y vergüenza", dice. Él viaja dos veces al año a China y allá ayuda a norcoreanos que han logrado ingresar, a ir a países como Laos, Camboya o Corea del Sur. (...)