lunedì 7 novembre 2016

ABC.es
(Juan Vicente Boo) Francisco celebra misa para mil presos en la basílica de San Pedro del Vaticano - En un encuentro sin precedentes, el Papa Francisco ha celebrado este domingo la misa para mil presos, acompañados de policías, funcionarios de prisiones y familias hasta un total de cuatro mil personas en la basílica de San Pedro. Entre los reclusos de doce nacionalidades figuraban treinta y cinco españoles con permiso especial.El «Jubileo de los encarcelados» ha sido protagonizado por algunas personas de uniforme –de recluso o de policía– y la mayoría de paisano. Era algo impensable fuera del marco del Año Santo de la Misericordia, que concluye el día 20 de este mes.
Entre las reclusas y reclusos predominaban los rostros serios, marcados por largos años de sufrimiento, que aliviaban la emoción en un suspiro o una lágrima a medida que la homilía del Papa les hacía reflexionar sobre su pasado y sobre «la certeza de la presencia y de la compasión de Dios, no obstante el mal que hemos cometido».
Francisco ha reconocido que «la privación de libertad es la forma más dura de pagar una pena, porque toca la persona en su núcleo más íntimo, pero aun así no puede llevar a la pérdida de la esperanza». Al menos, de la esperanza en Dios, pues «su misericordia no lo deja tranquilo. Es como el Padre de la parábola, que espera siempre el regreso del hijo que se ha equivocado».
Al mismo tiempo, el Papa ha hecho notar que «a veces, una cierta hipocresía lleva a ver sólo en vosotros personas que se han equivocado, para las que el único camino es la cárcel. No se piensa en la posibilidad de cambiar de vida, hay poca confianza en la rehabilitación. Pero de este modo se olvida que todos somos pecadores y, muchas veces, somos prisioneros sin darnos cuenta».
Encerrados en sus prejuicios
Algunas personas que se creen libres viven, en realidad, «encerrados en los propios prejuicios», pues «cuando uno se mueve dentro de esquemas ideológicos o absolutiza leyes de mercado que aplastan a las personas» vive encerrado «entre las estrechas paredes de la celda del individualismo». Y también hay quienes «señalan con el dedo a quien se ha equivocado, como excusa para esconder las propias contradicciones». El Papa ha asegurado a los reclusos que «la fe es capaz de mover montañas».
Al margen del texto escrito, Francisco ha recordado que «cada vez que visito una cárcel me pregunto: ¿por qué ellos y no yo? Todos cometemos errores». Poco más tarde, durante el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, el Papa ha dirigido un llamamiento «a la mejora de las condiciones de vida de las cárceles», y ha pedido a las autoridades «gestos de clemencia hacia reclusos que lo merezcan en este Año Santo de la Misericordia».