mercoledì 16 novembre 2016

reflexionyliberacion.cl
(Hna. Karoline Mayer) Cuando recibí,  el día de San José (19 de marzo) 1968, en la Casa Central de la Congregación de las Siervas del Espíritu Santo,  la “carta azul” que contenía mi destinación misionera a Chile, quedé choqueada. Nunca me había planteado la posibilidad de ser misionera en América Latina, que conocí como un continente mayoritariamente católico y en vía de desarrollo. Siempre había sentido mi vocación misionera a Asia, a China o India, al mundo de los pobres y “paganos”, en el leguaje de aquel entonces. (...)